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El número de mujeres que practican deporte en la actualidad o que siguen con atención los eventos deportivos no para de aumentar. La disrupción se produjo en la década de los 70 y fue en las escuelas donde se fraguó.

La brecha entre hombre y mujeres en el deporte se ha reducido notablemente en los últimos años.

261. ¿Te dice algo ese número? Si la respuesta es no, presta atención. En 2018 es habitual ver a miles de chicas disputando los grandes maratones del mundo, desde Nueva York hasta Berlín pasando por Madrid. Pero esto no fue siempre así. El 19 de abril de 1967, Katherine Switzer cambió la historia al burlar la prohibición que impedía a las mujeres competir en un maratón. Lo hizo, además, en el más antiguo del mundo —el maratón de Boston— y no solo lo corrió, sino que lo terminó en 4 horas y 20 minutos pese al boicot de los organizadores. La propia Katherine lo recordaba así en declaraciones a la BBC: “Me tomó por los hombros —se refiere a Jock Stemple (codirector de carrera)—, me empujó y trató de quitarme el dorsal del pecho”. Ese dorsal era el 261 y desde ese día se convirtió en símbolo de la igualdad.